Hay que decir las cosas importantes de la forma más sencilla posible.

Hoy en día, cuando hablas a cualquier profesional del teatro sobre un escenario, casi siempre te preguntará, “¿qué escenario?”, porque cualquier sitio puede serlo: un prostíbulo, un antiguo matadero, un piso antiguo. Todo vale, porque queremos hacer lo que sea por acercar la verdad al público y, sobre todo, por hacer que un nuevo público se acerque a un nuevo teatro.

Espera. ¿Esto es cierto? ¿Nos estamos acercando a alguien?

A menudo no doy crédito con el tono que adquirimos como sector. Leo artículos en los periódicos más prestigiosos, en los Blogspot (¿en serio? ¿en 2016?) y en redes sociales con una capacidad intelectual, gramática y de vocabulario que me deja en pañales, y sin embargo no puedo dejar de pensar que lo han escrito para leerse entre ellos.

Mi época como periodista especializado en videojuegos me dio una tremenda lección que ni siquiera aquel sector está aprendiendo a aplicar: tienes que estar atento al público que viene, además de al que tienes. Hoy en día, con el auge YouTuber (que qué rápido nos lanzamos a juzgar, por cierto, sin conocerlo) y el mundo influencer, el lector/espectador busca una comunicación cercana con el creador, en el que el medio, sea impreso, en video, o en audio, sirva de vínculo privilegiado. Es tan sencillo como eso.

Ahora las compañías tienen una oportunidad tremenda para comunicarse directamente con su público de forma constante, sin depender de ruedas de prensa, agencias de comunicación ni páginas de publicidad a precios desorbitados (¿para cuándo haremos ensayos generales emitidos por Facebook Live?). Por otro lado, los medios tienen la oportunidad de renovar público y adaptarse a otro modelo de negocio que, aunque muy difícil, ya se está asentando en otros países y que solo puede crecer. De posicionarse ellos antes de que lo haga otro.

Por eso me pregunto qué narrativa estamos contando en 2016, como sector, con nuestra actitud respecto a los cambios tecnológicos que estamos viviendo. Si nos tomamos facebook como una publicación impresa en la que decimos lo maravilloso que ha sido tu proceso de ensayos, los muchos camerinos que visitas o tu capacidad de ubicuidad; o cada vez que hablas de la obra de teatro de un compañero estás pensando en escribir una tesis doctoral, pierdes la oportunidad de decir algo importante. Si de verdad estamos en una época crítica cara a que exista un sector sano y sostenible, hacemos muy poco para cambiarlo y mucho para quejarnos.

El teatro es un mundo maravilloso para vivir, desde la butaca o detrás del telón. Ahora tenemos la oportunidad de mostrar ambas perspectivas. ¿Somos comunicadores? ¿Somos narradores? Demostrémoslo. Estemos a la altura de “ser o no ser”. Digamos cosas importantes de forma sencilla.

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