En las historias, como en la vida, las primeras impresiones son muy importantes. Pero si hay algo que la época de la inmediatez nos ha hecho olvidar, es a invertir. A sembrar.

Cuando una historia tiene un final potente y poderoso, cuando nos hace recordarla una vez digerida, suele ser porque conecta argumentalmente con elementos presentados al principio. Cuantos más elementos se hayan anticipado previamente, más cosas interesantes habrá para conectar al final.

Todo esto se puede hacer con mayor o menor gracilidad, pero si hay algo que esta constante nos enseña, es que lo que un buen principio requiere esfuerzo. No todo debería ser entretenido. Hasta en los videojuegos hay momentos de aprendizaje, de tutorial, de "no sé cómo va esto".

El buen principio no debería ser una explosión. Debería ser un aviso. Si una historia explota al principio solo para llamar nuestra atención, luego ya no queda nada que decir. Y el mensaje muere. 

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