En una época en la que cualquiera puede ver todo lo que estás viendo, ¿cómo de importantes son los números?  Pongamos dos situaciones:

  1. Te ven/escuchan 1.000, 10.000, 100.000 personas, pero lo que haces les deja indiferentes. No te recomiendan, pero tampoco te ponen a parir.
  2. Te ven/escuchan 10 personas a las que emocionas.  A 5 les enfadas, y 5 adoran lo que haces.

Hace 20 años el primer caso tenía mucho sentido. Cobramos por butaca, por DVD o libro vendido. El único medidor eran las ventas.

Pero ahora, con tirar una piedra gigante al río no basta. Se hundirá entre el ruido y nadie se acordará de ella. Es haciendo experiencias personalizadas y que ofrezcan algo distinto como llegaremos a crecer. Trump y el Brexit nos han enseñado que la polarización es un arma poderosa. Si se utiliza para generar algo auténtico, dará igual cuánta gente te siga en Facebook o Instagram. La piedra seguirá rebotando hasta el infinito, porque ocurrirá lo que siempre ha ocurrido, cuando no había industrias ni números gigantescos:

Una persona le contará una cosa a otra. 

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