Lo malo de dirigir es que el director, en muchas ocasiones, no hace nada directamente. Está obligado a depender de personas que lleven su antorcha y plasmen su visión.

Por eso, cuando tu equipo no hace lo que se supone que debe hacer, ¿cuándo es su respondabilidad y cuándo es la tuya? ¿Has transmitido lo que necesitaban ellos o lo que tú creían que necesitabas? 

En ese proceso de autoevaluación está la clave. Saber cuándo estás comunicando bien y cuándo no. Repartir responsabilidades. Ni quedártela toda, ni repartirla toda.

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