Cuando decimos que algo funciona es porque cumple la función esperada. Un chiste funciona cuando hace gracia. Un momento emocionante funciona cuando hace llorar.

El problema de aplicar este vocabulario a la narrativa es que le quita importancia a la autenticidad en la comunicación. Lo que debería ser una emoción se convierte en una palanca.

Lo importante a la hora de hablar de una función narrativa es que se puede delimitar su efecto, pero nunca manufacturarlo. Si lo hacemos, el espectador en muchos casos se dará cuenta y se sentirá manipulado.

Como narrador, debemos saber los elementos que hacen a una historia interesante, divertida, emocionante y aburrida. Pero estas herramientas deben trabajar en pos de algo auténtico que creó la necesidad de comunicar en primer lugar.

Hablar de “lo que funciona” a la hora de contar una historia casi siempre es trabajar en el ámbito de lo predecible, de lo desgastado, de lo manido. 

Si quieres “lo que funciona” tendrás algo mediocre. Y por lo tanto, no funcionará.

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