Durante las últimas décadas, el videojuego ha sido considerado el primo tonto del cine.

Durante las últimas décadas, el teatro ha sido considerado el abuelo pedante del cine.

Curiosamente, el teatro y los videojuegos son más parecidos de lo que creen.

En ambos, el espectador juega un rol mucho más activo. El cine no reacciona al feedback que le da el espectador durante su muestra, mientras que en el teatro y en los videojuegos, la obra se alimenta de las reacciones del público en directo. En el caso del teatro se nutre de la reacción emocional, mientras que el videojuego pretende deducir respuestas apropiadas a través de acciones y/o inputs de usuario.

La gran ventaja de los videojuegos y, a la vez, su mayor limitación, es la tecnología. Con el tiempo y el esfuerzo adecuados se pueden representar mundos muy opuestos. Para hacer lo mismo en teatro solo se necesita a un actor y a un espectador.

Los videojuegos podrían aprender del teatro a la hora de calibrar posibles respuestas emocionales del espectador en lugar de medirlo todo como una serie de árboles lógicos. Dominar el diseño emocional, diría, el diseño narrativo, en lugar del diseño de niveles. El teatro, en cambio, podría aprender a olvidarse de sus tradiciones y buscar una interacción real con el público. En su búsqueda de la verdad, la abstracción y la vanguardia artística, el teatro se olvida de tenderle la mando al público y ofrecerle que la obra avance a su ritmo. No contemplamos apenas las experiencias sandbox de un videojuego (compañías como Punchdrunk experimentan con ello, aunque aun con miedo), y mucho menos nos atrevemos a presentar historias interactivas al estilo CYOA (Escoge tu Propia Aventura). En nuestra obsesión con sentirnos autores y tener el control total del mensaje, nos olvidamos de que, mientras que en el cine el elemento indispensable es el director, en el teatro el elemento indispensable es la relación entre los actores y el público.

La Realidad Virtual hará esta relación aun más patente, y ya hoy podemos asegurar que, mientras que el cine está alcanzando su techo en lo que se refiere a gramática de lenguaje, tanto el teatro como los videojuegos tienen aun mucho que crecer.

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