En el curso de los tiempos la palabra carácter ha ido adquiriendo diversos significados. Originalmente quería decir “el rasgo dominante del complejo anímico” y se confundía con el temperamento. Después, se convirtió en la expresión utilizada por la clase media para designar al autómata, de forma que de un individuo que ha fijado su índole de una vez para siempre o que se ha ido adaptando a un cierto papel en la vida que, en dos palabras, ha cesado ya de evolucionar, se decía que “tenía carácter, que era todo un carácter”, y en cambio aquel que continúa desarrollándose, evolucionando, el diestro navegante en el río de la vida, aquel que no navega con escotas fijas, sino que va orzando el barco según la dirección de los vientos, era tenido como una persona sin carácter en sentido peyorativo, claro, ya que es muy difícil de aprehender, clasificar y custodiar. Esta concepción burguesa del mal pasó a los escenarios, donde siempre ha dominado la burguesía. Un personaje de carácter era un señor invariable…

August Strindberg (Sobre el carácter, prefacio a Señorita Julia)

Hoy en día, un personaje “complejo” es aquel que parece contradictorio: que dice una cosa y hace otra, al que notamos hipócrita, imperfecto. Real. Auténtico. Mucho ha llovido desde Strindberg. Lo que él denunció y presentó como rebelión en Señorita Julia es ahora norma.

El problema con las normas es que las aplicamos y muchas veces no sabemos muy bien por qué. Batman es un hijo de puta fascista además de un superhéroe, y lo aceptamos como tal, pero… ¿Un Superman de ahora también tiene que ser así? ¿Por qué?

¿No es acaso la ruptura de las expectativas la que nos llevó a generar personajes contradictorios en primer lugar?

¿Si todos los personajes son contradictorios, lo inesperado no será un personaje íntegro, un héroe?

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