La cultura de la inmediatez exige producción inmediata. Casi siempre, esto implica menos trabajo de planificación, menos tiempo para encontrar nuevas combinaciones creativas. Se nota hasta en los presupuestos para I+D de empresas e instituciones: hay que innovar, pero hay que innovar rápido.

Lo cierto es que el cerebro necesita aburrirse para poder tener ideas originales. Sin vista de pájaro, es imposible atacar. Pero hay algo de esta nueva cultura de “haz más” que, creo, resulta muy útil.

Preguntarte qué resultado tienes para enseñar hoy te obliga a planear con objetivos claros. Planear es sobrevolar, darle vueltas a las cosas, mirar al cubo de Rubik ochenta veces hasta encontrar la mota de polvo. ¿Eso sirve de algo? Sirve para absolutamente nada si luego no atacamos con precisión.

Planificar con ganas de atacar, aburrirse lo justo, correr con calma. Es en estas contradicciones donde se encuentra el término medio. Es en esa tensión donde la buena planificación se encuentra con la ejecución certera.

Comment