Tenemos la costumbre, al menos aquí en España, de ver el madrugar como un perjuicio, como si alguien nos hubiera puesto una losa en la espalda, como si Dios nos hubiese lanzado un rayo fulminante firmado “jódete y madruga”. Nos encanta trasnochar, que lleguen la 1 o las 2 de la mañana y estemos viendo la tele, jugando a la consola, poniéndonos a escribir nuestra novela, o terminando este proyecto al que tenemos unas ganas tremendas. Yo también era de aquellos trasnochadores natos: una coca-cola y un ratito al mando o al ordenador me parecía la mejor forma de irse a dormir.

Hasta que empecé a levantarme de madrugada y entendí que lo estaba haciendo todo mal.

Obviamente a todo el mundo le funciona algo distinto, pero creo que levantarse antes de lo que estamos acostumbrados tiene, invariablemente, muchos más beneficios que desventajas. Al menos, cuando te acostumbras a ello. Yo lo conseguí cuando empecé a trabajar haciendo teatro para colegios. Teníamos que estar en el centro de Madrid cerca de las 08:00/08:30 y, por lo tanto, nos forzaba a tener todo cargado en el almacén a las 06:30/07:00 para, con suerte y si no hay atasco, llegar a la hora (luego nos dicen que los que hacemos teatro vivimos bien). A veces, hasta preferíamos salir antes de las 06:00 para llegar extremadamente pronto y tomarnos un café.

Ahora ya no tengo ese tipo de responsabilidades, pero me quedé con el hábito y descubrí que, sin darme cuenta, no solo era más productivo, también más feliz.

¿Por qué?

  1. Eres mucho más productivo. Poca gente te escribe, te llama, te manda WhatsApps o correos electrónicos. Hay bastante gente que por las noches suele quitarse trabajo pendiente del día siguiente y te empieza a pedir, consultarte o hablarte de cosas. De madrugada te concentras más porque tienes menos distracciones.
  2. Eres más creativo. Ray Bradbury decía que se sentía mucho más creativo cuando tenía sueño y quería echarse la siesta o justo después de haberla dormido porque la parte inconsciente y la consciente del cerebro estaban en mayor conexión. Creo que lo mismo ocurre por la mañana. Si tienes trabajo creativo por hacer, hazlo justo después de despertarte. Por ejemplo, escribir por la mañana me ha ayudado a comerme menos el coco y tener menos bloqueos. Simplemente, esa parte de mi cerebro aun no está despierta.
  3. Tranquilidad. Cuando el día que se presenta es más caótico de lo normal, procuro que, aunque pague el precio de tener que dormir menos, me levante aunque sea 2 horas antes de ponerme a trabajar. Casi siempre, el estado de ánimo con el que nos levantamos marca el tono de cómo estaremos el resto del día. ”Levantarse con buen/mal pie” tiene más de cierto que lo que atribuimos al refrán.
  4. Puedes planificar mejor tu día. Antes de ponerme a trabajar procuro establecer una serie de tareas por prioridad (aunque a veces se me olvidan, siendo muy despistado) que me recuerdan en qué voy a gastar mi día y qué se me ha quedado pendiente del día anterior. Sobrevuelo lo que voy a hacer y así, con suerte, me habré quedado con la lista vacía al final del día. Revisar lo que tienes que hacer te obliga a ser consciente del tiempo que le debes dedicar a cada tarea.
  5. Desayunas mejor. Por narices desayunas mejor cuando tienes más tiempo para prepararte un buen desayuno. Para mí, el hecho de madrugar tanto ayuda a que mantenga mi dieta a raya, porque empiezo mi compromiso desde el desayuno y me preparo los almuerzos para el resto del día.

Ni que decir tiene que el hecho de levantarte pronto implique que debas dormir poco. De hecho, forzarte a levantarte antes a la vez que estás acostándote tarde es la mejor forma de matar al hábito antes de crearlo. Todos debemos dormir nuestras 7/8 horas para poder tener una vida saludable. En mi caso, fue un cambio súbito de rutina lo que me descubrió esta rutina, pero otras veces que se me ha cambiado el sueño por la razón que sea (normalmente en verano), he podido volver a levantarme a las 06:00 gracias ir quitándole media hora al despertador todos los días y, sobre todo, teniendo alguna tarea importante que me obligue a levantarme pronto (en mi caso, siento que cuando no escribo de madrugada no escribiré en todo el día, así que me fuerza a quitarme la tontería de encima).

No sé si decir que el madrugar mucho ha sido uno de los cambios más importantes que he hecho en mi vida, pero es que madrugar mucho es uno de los cambios más importantes que he hecho en mi vida. Normalmente me preguntan cómo hago tantas cosas a lo largo del día y la respuesta, invariablemente, es la misma: me levanto pronto. Si no me crees, inténtalo durante un mes. Luego, ven aquí y me lo cuentas.

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