Tenemos tanta prisa por saber quién queremos ser.

En realidad, es muy lógico. Enciendes la televisión, te conectas a Facebook, a Instagram, a YouTube, y ves todas esas personas.

“Lo tienen tan claro”, piensas.

“¿Por qué a mí no me pasa lo mismo?”.

Porque en realidad ni ellos lo tienen tan claro.

Llevo cerca de un año intentando asentar un proyecto de canal de YouTube. Un año. Era marzo de 2016 cuando hablaba con mi colega Diego sobre qué tipo de contenido quería hacer. Ochocientas ideas rondaban mi cabeza, y me parecía uno de los mayores retos a los que podía enfrentarme. Ahí, al mismo nivel que hacer un largometraje o una obra de teatro contemporáneo. Abrirme un puto canal de YouTube.

Parecía fácil.

Un año después, ahí sigue el contador paralizado en agosto del año pasado, con unos pocos videos de más, muchos en cola, y aun las mismas ideas agolpándose en la cabeza.

¿Por qué tíos con un supuesto menor nivel audiovisual y menos experiencia en mi sector consiguen sacar videos todas las semanas y yo no?

Quizás porque el problema está en que no quiero ser como ellos, y eso me está llevando más tiempo del que pensaba.

Es hablar lo que hace que parezca extremadamente fácil. Es pensar, idear lo que es extremadamente fácil.

Las ideas no sirven para una puta mierda. Solo sirve lo que haces. Lo que sacas. Tus acciones. Creerse único es lo más fácil del mundo. No ser como los demás es lo jodido.

Es un miedo que veo muy común a muchos creadores. Que nos paraliza, diría yo. Como no quieres parecerte a los demás, como no quieres ser como aquel, piensas, tienes que ser único a la primera. Y eso no existe. Es un proceso de criba, de fallo/error constante, muchas veces invisible para el público, pero que hoy en día se hace más transparente que nunca por las obligaciones de la era digital. El sacar algo sí o sí porque toca. El compartir el proceso. Términos que pueden resultar muy violentos para alguien que está empezando, y que pueden llegar a asustar porque todo el mundo te ve.

Por eso, para saber de verdad quién quieres ser, o para descubrir quién eres, siendo más precisos, primero tienes que ser aquello que detestas. Comprobarlo, vivirlo en tus carnes. Tocar aquellos sitios comunes que parecen que se encuentran por debajo a tus habilidades. Familiarizarte con su sabor. Intentar que te guste. Luego, saltar al siguiente. Y así una y otra vez, hasta que consigas la capacidad de poder parecerte a quien quieras, coger lo mejor de cada casa, y ponerte a hacer la receta perfecta. TU receta perfecta.

Quizás eso nos lleve toda la vida. Pero de eso va esto, digo yo.

Post Scriptum: Todo esto es una forma elaborada de deciros que esta semana he decidido probar un nuevo formato: el de hablarle directamente a la cámara. “En crudo”, lo he titulado. Porque me gusta ponerle títulos a las cosas, aunque se me de mal. ¿Veis? Eso sí lo tengo claro.

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