Dicen que las historias son círculos. Pero no todas tienen por qué serlo.

Recapitulemos.

Un personaje hace algo todos los días.

Un día, decide hacer algo distinto. Dicho evento tiene consecuencias. Algo sale mal.

El personaje se embarca en una aventura, increíble o minúscula, para restaurar el orden después de dicho evento.

Por el camino gana, pierde, apuesta, aprende. En un momento dado, parece que está todo perdido.

Pero ese personaje sabe, en lo más profundo de sí mismo, que puede tomar una decisión: volver al punto de inicio o romper la baraja.

Cuando el personaje restaura el orden, todo vuelve a la normalidad. Puede volver a hacer lo mismo de todos los días. Probablemente, algo importante habrá cambiado. Su vida no volverá  a ser la misma.

 ¿Pero qué pasa cuando el personaje decide romper el equilibrio?

En nosotros suelen converger dos sensaciones: primero, la del morbo. "Esto no debería pasar", nos decimos. Miramos atónitos las consecuencias de ver al tren descarriarse. 

Pero después solemos sentirnos incómodos. Porque reconocemos la sensación de incertidumbre, y vivirla se nos hace desagradable y agobiante. Nos incomoda y nos deprime. Nos cabrea.

Creo sinceramente que debemos empezar a reconocer estas estructuras para aprender de ellas. ¿Por qué hacemos las mismas historias? ¿Qué nos lleva a aplicarlas? ¿Por qué ahora nos gustan unas mientras que antes nos gustaban otras? ¿Por qué ahora la maquinaria de la industria del entretenimiento nos alimenta de unas y antes lo hacía de otras?

 ¿Y tú? ¿Quieres romper el círculo de tu vida, sabiendo que no puedes prever las consecuencias, o preferirías restaurar el orden?

 

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